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Los organismos internacionales en salud invitan a  adoptar hábitos saludables y cuidar la alimentación.

Hasta el momento, varios estudios han encontrado una relación directa entre empleos estresantes y un mayor riesgo de infarto. Lo que sumado al sedentarismo y las comidas a deshoras, entre otros hábitos, aumentan la lista de los enemigos del corazón.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel global, “se calcula que en el 2030 morirán cerca de 23,3 millones de personas por enfermedades cardiovasculares, especialmente cardiopatías y accidentes cerebrovasculares”.

Por eso, al llegar el Día Mundial del Corazón, el próximo 29 de septiembre, que en muchos países como Colombia se ha ampliado al ‘Mes del Corazón’, las naciones encienden sus alarmas y alertas preventivas para que la población tome conciencia del impacto de las enfermedades cardiovasculares y de lo importante de modificar, de inmediato, los estilos de vida.

Factores de riesgo

Uno de los factores de riesgo más importantes y más prevalentes de la enfermedad cardiovascular es la hipertensión. Estudios cifran el control de hipertensos en España en el 20%. El aumento de la obesidad, especialmente entre niños, es alarmante.

Por lo que respecta al tabaquismo, en España fuma el 37% de los hombres y el 27% de las mujeres, mientras que en Estados Unidos lo hace el 25% de los hombres y el 19% de las mujeres. La obesidad y la diabetes son dos de los factores de riesgo que más preocupan al colectivo médico.

La prevalencia de diabetes ha aumentado en la población mundial en los últimos años; siendo actualmente el 15% de la población mayor de 65 años quienes la padecen en Estados Unidos, frente al 20% de la población anciana que es diabética en España.

Según una investigación de la Universidad Politécnica de Madrid, la obesidad infantil entre los niños españoles es ya superior a la de los estadounidenses (19% frente al 16%).

La clave: los buenos hábitos

Gran parte de las muertes por infarto puede prevenirse con solo tener claro cuáles son sus factores de riesgo y adoptar unas conductas o unos hábitos de vida saludable.

Contrario a lo que puede pensarse, se trata de recomendaciones prácticas y aplicables, entre las que podemos mencionar el ejercicio diario y una alimentación sana, balanceada y acorde con la edad, el peso y la talla. Con esto, se puede prevenir hasta en un 50 por ciento el riesgo de infarto, según la Sociedad Americana del Corazón.

Es mejor si desde temprana edad la persona cuida su corazón, conociendo las reglas de juego, aprendiendo el ‘manual de buen mantenimiento’, que tiene que ver con nutrirse adecuadamente, no abusar de fritos ni grasas trans, ni del azúcar refinada, ni gaseosas; hacer ejercicio, como un hábito de vida normal, no fumar.

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