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Alfredo Menéndez-Navarro, experto en la Universidad de Granada, denuncia la ausencia de un inventario de edificios e instalaciones en las que está presente este material cancerígeno

Alfredo Menéndez-Navarro, del Departamento de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada, aseguró ayer en Valencia que la exposición al amianto, cuyo poder cancerígeno está suficientemente acreditado, es todavía un factor de riesgo cuya gravedad no es considerada en su real magnitud.

Invitado por el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero (centro mixto de la Universitat de València y el CSIC), Alfredo Menéndez-Navarro subrayó que el “drama” del amianto es el desconocimiento sobre el paradero final de los cinco millones de toneladas métricas de amianto empleados en España desde 1930 hasta su tardía prohibición en 2001. “¿Dónde están?”, preguntó. “Existe un factor de riesgo que no se controla y el gran debate ahora mismo es que sigue sin cumplirse la normativa”. “A diario -añadió el investigador-se inician derribos sin considerar la existencia de riesgos” asociados al asbesto y solo el Colegio de Aparejadores de Cataluña ha propuesto y trabajado en un inventario que permitiría la adopción de políticas preventivas.

El amianto comenzó a utilizarse en España en la década de los años cuarenta. Sus propiedades ignífugas, su bajo precio y la facilidad de incorporar sus fibras a cualquier producto lo convirtieron en una especie de material “mágico”, recordó el investigador. Los problemas llegaron después.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, la exposición al amianto deja 125 millones de personas afectadas, con 107.000 fallecidas. En el Reino Unido se estiman unos 3.500 fallecidos al año “y la tendencia es que seguirá creciendo”. En España, las estimaciones cifran en 1.000 los fallecimientos entre 2007 y 2020 , aunque se cree que la máxima exposición laboral se produjo entre 1962 1984, con un pico en 1977 y se calcula que hasta 2030 habrá fallecimientos por exposiciones “conocidas” en fábricas como las de Cerdanyola y Bellavista (Sevilla), del grupo Uralita, donde se utilizaba industrialmente el amianto. Sin embargo, todavía hoy hay personas que sufren esta contaminación sin saberlo.

“Se ha producido un aumento de casos reconocidos de enfermedad profesional entre trabajadores que tuvieron contacto con el amianto, pero que en España arroja tiene tasas de reconocimiento 20 veces inferiores a las de otros países europeos”, explica el investigador.

Las dificultades para obtener este reconocimieno “oficial”, algunos colectivos de afectados como los de la Unión Naval de Levante han intentado explorar la vía de pedir indemnizaciones a las empresas americanas que suministraron material con amianto para incorporar a los barcos. Cientos de trabajadores españoles mantienen vivos los pleitos para que se compense por sufrir enfermedades derivadas de su contacto con el amianto”, recordó el investigador.

“Lo cierto es que la industria responsable ha tenido extraordinariamente fácil eludir su responsabilidad hasta ahora”, añadió Menéndez Navarro”.

Fuente: Levante EMV-J. Sierra